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Buscando el amor: los pasteles perfectos para acompañar tu cafecito


Al igual que la mantequilla de maní con mermelada, el cafecito y los pasteles quedan mejor juntos. Denisse Coquet busca los mejores y auténticos pasteles latinoamericanos para acompañar un buen café cubano.

Fuerte, tostado y atractivo, el cafecito tiene mucho en común con el protagonista de aquella telenovela. Aunque probablemente tengas más probabilidades de encontrar un buen cafecito cuando lo deseas.

Caracterizado por su sabor dulce e intenso, el cafecito tradicional (también llamado café cubano, espresso cubano, o Cuban pull) es un café originario de Cuba, fuerte como un espresso. 

Actualmente, se disfruta en todo el mundo, desde París hasta Miami, donde desempeña un importante papel social y cultural dentro de las comunidades hispanas.

¿Qué hace que este cafecito sea tan especial? Algunos dicen que es la intensidad de los granos de café de tueste oscuro, otros dicen que es el azúcar que se añade al principio del proceso.

Al fin y al cabo, el secreto del sabor único de un cafecito está en el azúcar demerara que se añade con las primeras gotas de café durante la extracción (y no al final, como ocurre con los cafés occidentales) para crear una espumita dulce.

Más que una bebida

El cafecito no es único solo por la forma de prepararlo. También, es el aspecto social que lo acompaña.

Como parte integral de la cultura cubana, goza de un estatus especial como bebida para acompañar el descanso y se consume varias veces al día. Primero, con el desayuno junto a pan tostado, después en el almuerzo y en la cena. “Ninguna comida cubana está completa sin un cafecito, o café cubano”, confirma Lourdes.

Por supuesto, también se consume en cantidades abundantes entre cada actividad cuando se tienen invitados (es una opción tradicional al entrar en los hogares cubanos) o se socializa con familia y amigos.

El aspecto social del cafecito se refuerza con la forma popular de servirlo en una colada (un gran recipiente o taza de café) con pequeñas tazas para compartir.

De gran popularidad en Cuba, al igual que en otros países de América Latina, existen diversas variantes del cafecito además de la colada: el cortadito (mitad leche y mitad café cubano) y el café con leche (la versión cubana del latte).

Al igual que hay variaciones del cafecito en toda América Latina, cada país tiene un pastel preferido para acompañarlo.

Nuestros finalistas

Pastelitos de guayaba en Cuba

Los cubanos disfrutan de sus cafés tradicionales junto a pastelitos de guayaba dulces y salados.

En Cuba, este pastelito de hojaldre crujiente relleno de pasta de guayaba y queso se disfruta con un cafecito a cualquier hora del día. 

Como señala Adrian Cane, director de operaciones de Colada Shop, un restaurante cubano de Washington DC, “vemos dos tendencias generales. Los que están familiarizados con la cultura del café cubano suelen pedir tostadas cubanas con mantequilla o pastelitos de guayaba como acompañamiento. Es sin duda nuestro pastelito más vendido”.

Pan de elote en México

En México, el café se disfruta con el conocido churro o pan de elote, una galleta dulce hecha con maíz crudo y fresco. 

Hay diversas variaciones de la receta tradicional, algunas incluyen canela y otras no pero lo que todas tienen en común es que el producto final es denso pero deliciosamente húmedo.  

La textura de la galleta junto con el dulzor del maíz maridan de maravilla con el café, que suelen tomar con leche. 

Un maridaje que también se disfruta localmente, según Patricia Cabrera y su marido Andrés Webster, propietarios de Goki Café, una cafetería mexicana en Arcadia, California. 

“Nuestra repostería está basada en la cultura e ingredientes mexicanos, como el maíz, el chocolate y la vainilla, entre otros ingredientes”, explican. “Toda nuestra repostería es casera y tenemos clientes a quienes les gusta pedir diferentes productos pero podríamos decir que los más populares son el pan de elote y el churro cheesecake”.

Medialuna en Argentina

En Argentina, el desayuno y la merienda más populares consisten en un café y una medialuna. Aunque el café se prepara de manera distinta al cafecito. 

Aquí, el más tradicional es el café con leche, que consiste en un café fuerte mezclado con leche a partes casi iguales. Aun así, cuando hablan entre ellos, la mayoría de los argentinos se refieren a él como un cafecito. 

Aunque las medialunas pueden parecerse a los croissants, su sabor es muy diferente. Las medialunas son más pequeñas, compactas y dulces. 

Es raro encontrar una cafetería en Argentina que no sirva medialunas y la mayoría de los argentinos las disfrutan a diario. Es la mezcla de la masa dulce (pero no excesiva) de la medialuna con el café lo que hace la combinación perfecta (a algunos incluso les gusta mojarla en su café).

¡Qué rico!

 




Daniela Jerez


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