ORGULLO LATINO

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Painting depicting images of colonizers invading a country

Café: una industria construida sobre el colonialismo y la esclavitud


Imagina que trabajas en la industria automotriz haciendo componentes para la fabricación de vehículos de alta gama.

Tu cliente, la empresa de vehículos de lujo, siempre te paga por debajo de tu costo de fabricación. Te exigen continuamente que utilices materiales que ellos venden por encima de los precios del mercado. Te ofrecen préstamos para comprar esos materiales, contratar trabajadores y hacer funcionar tus instalaciones. Tú garantizas ese préstamo con tu negocio, tu casa y el tipo de interés ronda en el 20 %. Después, ellos se promocionan como "filántropos" al darles a los pobres fabricantes de piezas de automóviles una pequeña donación para "ayudarlos a salir de la pobreza".

¿Suena ridículo? Debería; sin embargo, analicemos la industria del café: es una práctica habitual que tostadores y comerciantes donen parte de sus ganancias a organizaciones sin ánimo de lucro o que las "devuelvan" a los caficultores para ayudarlos a construir colegios y otras infraestructuras que necesitan desesperadamente o para cubrir necesidades básicas. Todo eso, como resultado de prácticas manipuladoras que han sumido a los caficultores en un círculo vicioso de pobreza.

Debería avergonzarnos trabajar en una industria en la que nuestros proveedores no ganan lo suficiente para que ellos y sus familias tengan una calidad de vida decente; no obstante, este es un problema bien conocido dentro de la industria del café. Un grupo de productores ha estado endeudado y empobrecido durante generaciones. Estos caficultores tienen un acceso limitado al mercado y el sistema impide que muchos mejoren su situación. 

En toda América Latina, el hambre estacional es un problema, al igual que el endeudamiento. Muchos piensan que es tan sencillo como pagar más por el café. Estoy de acuerdo en que se trata de un componente esencial pero hasta que no erradiquemos las prácticas establecidas por la colonización y enmascaradas por el marketing, pagar más simplemente hará que esos abusadores se enriquezcan todavía más, mientras que los productores reciben un porcentaje desproporcionadamente bajo de ese aumento.

Para hacer un cambio tenemos que entender cómo hemos llegado hasta aquí.

Las raíces coloniales del café

El café se originó en África y, posteriormente, llegó a Asia y América Latina. ¿Cómo llegó tan lejos? A través de la colonización y el comercio de esclavos. 

Las grandes fincas de propiedad europea, en Brasil y el Caribe, utilizaban esclavos africanos para cultivar inmensas cantidades de café cultivado con semillas africanas robadas. En Centroamérica, incluso después de haber sido desalojadas por la fuerza de sus tierras, las poblaciones indígenas no tenían más remedio que trabajar en las fincas para sus opresores.

Así fuera esclavos africanos o poblaciones indígenas subyugadas, llevaban una vida dura. Estaban mal alimentados, maltratados y desempoderados. Muchos sufrieron violencia o murieron simplemente por la dureza de sus labores.

A lo largo de los años, las poblaciones europeas siguieron acumulando más y más poder, mientras que la población local se volvía cada vez más vulnerable ante ellas.

Esta es una cruda realidad pero hay que reconocerla. El impacto del colonialismo sigue existiendo hoy en día y, hasta que no lo reconozcamos, no podremos cambiar las cosas.

Estructuras coloniales que afectan a la industria del café en la actualidad 

Revisemos algunas de las fincas de café que se encuentran en América Latina:

En primer lugar, están las grandes fincas, que suelen ser propiedad de una familia adinerada o de un comerciante multinacional. Sobre todo en Brasil, estas fincas se han vuelto extremadamente buenas en el cultivo eficiente. Están mecanizadas, trabajan con cepas mucho más productivas y eficientes, y ahora tienen un costo de producción extremadamente bajo. Suelen tener su propio beneficio y, a menudo, compran café a la comunidad. En resumen, son financieramente sólidas y tienen un modelo de negocio propio de los comerciantes multinacionales. Disponen de los medios financieros para controlar a los productores a través de préstamos, del suministro de materiales y están cerca del mercado de tostadores e importadores. NO SON POBRES.

Después, están las familias agrícolas ricas. Los países latinoamericanos tienden a concentrar su riqueza en un pequeño grupo de familias. Estas familias suelen tener sus propias fincas, beneficios y empresas de exportación. Por lo general son descendientes de europeos que llegaron a nuestros países para explotar a nuestros pueblos hace siglos o familias selectas que han acumulado riqueza a través de la agricultura y la influencia. Ellos (o su chófer) te recogerán en su Toyota Prado último modelo, te llevarán a restaurantes elegantes y te hospedarán en hoteles que ellos o sus familiares poseen. NO SON POBRES.

También, hay caficultores expatriados de Estados Unidos. Con frecuencia, sus padres crecieron en América Latina, por lo que tienen algún apego al país; sin embargo, cuando regresan para comprar tierras, traen consigo una serie de ventajas: un fuerte acceso al mercado, una buena financiación y la capacidad de invertir. Como resultado, ahora tienen hermosas fincas con cafés de calidad que pueden vender a un precio superior, mientras que utilizan la historia del caficultor pobre para obtener el respaldo de los consumidores. De hecho, están compitiendo y alejando del negocio a los productores a quienes dicen apoyar. NO SON POBRES.

Por último, están los pequeños caficultores locales, con quienes nos asociamos en Mayorga Coffee. Ellos están marginados y venden a las mismas empresas multinacionales con las que han trabajado durante generaciones porque no tienen otra opción. Suelen ser indígenas y no tienen los recursos, la infraestructura, la tecnología, la logística o el acceso al mercado para aprovechar las opciones de vender a otros. Son los caficultores que padecen hambre estacional y luchan con el complejo entramado de prácticas abusivas que existen en nuestras cadenas de suministro, incluyendo, pero no limitándose, al precio que se les paga. Tienen que trabajar juntos como cooperativas para tener el volumen suficiente de exportación y para que se les proporcionen servicios de beneficio (la mayoría de ellos, sobrevalorados). ¡ESTOS AGRICULTORES SÍ SON POBRES!

Las grandes haciendas, las familias de caficultores ricos y los caficultores expatriados son capaces de sobrevivir, e incluso prosperar, en estos tiempos difíciles. Lo consiguen gracias a la riqueza y los contactos heredados. Pueden sobrellevar los tiempos de crisis utilizando los recursos acumulados durante generaciones, así como en los momentos de costos elevados.

Por su parte, los pequeños caficultores han heredado un sistema de poder desigual que se remonta a la época colonial y siguen estando en desventaja por la falta de acceso al mercado. En mi opinión, debido a la nueva competencia de los productores más ricos, estos caficultores están peor que cuando fundé Mayorga hace más de 20 años. Mientras tanto, los consumidores quieren pagar más para generar un impacto.

El impacto que tiene en los caficultores

La exclusión del mercado y la reducción de los recursos son un obstáculo para los pequeños caficultores locales en todas las etapas. Veamos un ejemplo: la financiación. (De hecho, esta es la razón por la que fundé Mayorga Coffee. Quería ayudar a un amigo de la familia a evitar la trampa del financiamiento).

Tradicionalmente, un beneficio o un exportador ofrece un préstamo a un pequeño caficultor desfavorecido, sabiendo que carece del capital y de los fuertes márgenes de beneficio necesarios para obtener financiamiento de un banco. Parte de la condición de ofrecer ese préstamo es el derecho de comprar todo el café del caficultor a un precio inferior al valor de mercado (a diferencia de lo que ocurriría, por ejemplo, en una compra comercial directa). El caficultor, que necesita desesperadamente ese préstamo para realizar mejoras en la finca, dice que sí para subsistir un día más.

Ese préstamo, además, puede venir con tasas de interés astronómicas. En mi trabajo en América Latina me he encontrado con tasas de hasta el 27 %.

Tal vez, aquel caficultor necesita ese préstamo para comprar fertilizante. Algunos beneficios insisten en que el caficultor compre el fertilizante a través de ellos pero cuando miran los precios, son hasta cinco veces superiores a los del mercado.

Así, los beneficios se lucran con la venta de fertilizantes, con los pagos de intereses y con la compra de café a precios inferiores a los del mercado. Generalmente, pueden vender este café con una buena prima, gracias a su calidad en taza.

Pocos caficultores locales tienen conocimiento de los precios finales del café verde para comprender la falta de equidad con la que se les trata. Algunos de nuestros socios nos han dicho: "este beneficio nos ha ayudado durante generaciones. Ayudaron a nuestro abuelo". Cuando pregunté en qué consistía esa ayuda, resultó que solo se trataba de préstamos con intereses altos, adquisición de café a precios bajos, servicios de beneficio con precios excesivos y, a menudo, niveles de merma altísimos en el beneficio.

Mientras tanto, los caficultores más ricos, los beneficios y los exportadores que se lucran de la herencia del colonialismo dirigen negocios rentables. Muchos de estos negocios se establecieron hace 300 años y, en su mayoría, siguen reproduciendo los mismos desequilibrios de poder en la actualidad. Son ellos los que disponen de los recursos necesarios para producir cafés como los Geishas y los naturales de más de 90 puntos. Los caficultores pobres simplemente no tienen los recursos para estas prácticas y, con franqueza, el volumen es minúsculo.

Por eso, es importante que nos aseguremos de trabajar con pequeños caficultores locales. Nuestra política en Mayorga es que solo trabajamos con productores que viven y trabajan en su finca o con cooperativas formadas por ellos mismos. Llegamos a conocerlos y a entender sus necesidades. Pagamos un precio de acuerdo con la calidad de su producto e invertimos en programas de apoyo para su salud y la educación de sus hijos. Les ayudamos a diversificar sus ingresos y después compramos sus cultivos ecológicos alternativos. En algunos países como Costa Rica, El Salvador y Guatemala trabajamos con productores que están en la categoría más "privilegiada" pero lo hacemos porque se centran en las prácticas orgánicas o porque trabajan con los productores de los alrededores para crear una cooperativa que incorpore a esos pequeños productores a nuestra cadena de suministro.

Como dijo Maya Angelou: "si no sabes de dónde vienes, no sabrás hacia dónde vas". 

No escribo esto para culpar a nadie ni para dar excusas; no obstante, creo firmemente que no podemos ignorar el papel del colonialismo en los países cafeteros si esperamos hacer cambios duraderos y significativos. Además, debemos tener cuidado de no repetir la historia creando un nuevo grupo de colonizadores que parecen más amistosos y bien intencionados en su comercialización pero que, en realidad, están creando más distancia entre el caficultor realmente pobre y el mercado.

 


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