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¿El café de El Salvador podrá regresar a la escena mundial?

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El Salvador está ascendiendo lentamente para reclamar su lugar como uno de los principales productores de café del mundo.

Como nata que sube a la superficie, El Salvador está ascendiendo lentamente para reclamar su lugar como uno de los principales productores de café del mundo, esta vez con un enfoque en la calidad por encima de todo.

Con solo 21 041 kilómetros cuadrados, El Salvador es uno de los países más pequeños de América Latina; sin embargo, siempre ha estado por encima de su nivel, desde su influencia literaria global hasta su cocina de fama mundial.

Históricamente, las actividades agrícolas siempre han dominado la economía del país. En el siglo XIX, el añil, el principal producto de exportación de El Salvador, fue desplazado en los mercados internacionales, en consecuencia, el país tuvo que aprovechar su orografía para impulsar su economía. Lo hizo cultivando café.

La abundancia de colinas y su ubicación geográfica junto al Océano Pacífico ofrecían excelentes microclimas para la producción de café. Pronto superó al añil en las exportaciones y llegó a representar el 90 % de los ingresos por este rubro a principios del siglo XX.

De hecho, la producción de café creció tanto que el país fue reconocido como "La República del Café" entre 1898 y 1931. Según datos del Consejo Salvadoreño del Café, en los años 70, El Salvador se convirtió en el tercer productor y el cuarto exportador más grande de café del mundo.

A pesar de esto, las desigualdades de la sociedad salvadoreña produjeron un malestar político y social que culminó en una guerra civil y un fuerte descenso de la producción de café en la década de 1980.

Hoy en día, el café representa menos del 2 % de las exportaciones del país; no obstante, El Salvador está volviendo a ser un origen de café reconocido a nivel mundial, produciendo algunas de las variedades más codiciadas.

Cerezas de café en El Salvador

Un asunto familiar

Este cambio de enfoque es evidente en la calidad y las variedades que ahora se cultivan, dice el productor de café y gerente general de J.J. Borja Nathan, una hacienda cafetalera de Ahuachapán, Manuel Zepeda.

Mientras que en la época de su abuelo Pacas y Borbón eran las dos únicas variedades que se producían, hoy en día se cultivan varios cafés de alta calidad junto a estas variedades originales, como Pacamara, un cruce entre Pacas y Maragogipe, y Sampacho.

Las estadísticas publicadas por el Consejo Salvadoreño del Café muestran una mejora en la producción de café, especialmente en los segmentos relacionados con el café de mejor calidad.

Por ejemplo, el informe muestra un aumento significativo del café clasificado como Strictly High Grown (SHG, café cultivado entre 1201 y 2000 m s.n.m.), que es el de mejor calidad del mercado. El SHG pasó de 44 319,29 en 2021 a 131 547,87 quintales en 2022.

Parte de la razón, señala Manuel, tiene que ver con el aumento de los precios internacionales, que ha animado a los pequeños y medianos productores a invertir en el cultivo del café.

Además, es el resultado del duro trabajo realizado por generaciones de caficultores. 

Manuel, quien pertenece a una tercera generación de productores de café, recuerda con cariño las veces que acompañó a su abuelo a la finca ubicada en la sierra de Apaneca-Ilamatepec.

"Me gustó mucho la interacción familiar de todo aquello", dice. "Iba toda la familia, cortaban y entre todos se ponía lo que se cortaba en un solo peso y eso era lo que se entregaba".

Es una tradición que ha contribuido en gran medida a mantener y desarrollar las prácticas de cuidado del café artesanal, dice Manuel. "Nos ha ayudado mucho que hayamos mantenido nuestros estándares de calidad; independientemente de lo que diga el mercado, nos hemos mantenido".

También señala que, a diferencia del café comercial que en la hacienda de su familia se cosechaba cada tres años, una cosecha de café de alta calidad no puede determinarse de antemano y depende del cuidado y la vigilancia constante del caficultor.

Por ejemplo, en las haciendas de J.J. Borja Nathan, Manuel vigila las plantas que crecen a la sombra de los árboles autóctonos y aplica constantemente medidas orgánicas para garantizar su salud.

Cerezas de café de las fincas en El Salvador

Grano pequeño, futuro poderoso

Desde la perspectiva de Manuel, el futuro del café de alta calidad en El Salvador tiene sus altibajos.

En cuanto a los aspectos positivos, cree que la tecnología seguirá impulsando la productividad futura de las haciendas cafetaleras.

Él mismo ha visto los beneficios en J.J. Borja Nathan, donde trabaja con empresas chilenas que supervisan la producción de la hacienda mediante imágenes por satélite y ayudan a su análisis.

"Me envían informes del suelo y de las plantas para que conozcamos el estado general de la planta y en función de eso preparemos nuestros abonos", explica Manuel. "La tecnología nos ha ayudado mucho".

Además, afirma que en los últimos años ha observado una mayor preocupación por la calidad entre los pequeños y medianos productores; sin embargo, hay varias amenazas para el desarrollo futuro del café de alta calidad en El Salvador.

Uno de ellos es el bajo rendimiento de los cultivos de cafés de especialidad, como el Geisha y el Pacamara. Como estas plantas no son tan productivas como los caficultores esperan, muchos apuestan por versiones más comerciales que proporcionan una mayor cosecha (y un mejor retorno de la inversión, según creen) pero, a su vez, un grano de menor calidad.

Además, el cambio climático es una amenaza permanente para el cultivo del café. Las variaciones del período invernal y el aumento de las temperaturas medias amenazan la productividad del café en El Salvador.

"A veces caen entre 60 y 70 mm de lluvia en una hora", explica Manuel. "Eso es mucho y el suelo no puede absorberlo todo, por lo que no tiene una buena humedad para producir café. Por otra parte, las temperaturas más altas contribuyen a la proliferación de plagas y enfermedades como la roya". 

Con todo, sigue siendo positivo porque las zonas cafetaleras de El Salvador no solo conservan el legado de las tradiciones agrícolas intergeneracionales, sino también ecosistemas únicos. "El café ya no debe verse únicamente como cafetos, sino como una zona forestal que el gobierno debe ayudar a proteger", dice Manuel.

Espera que esto sea un punto de encuentro para que el país, en su conjunto, mantenga el título de "República del Café".


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