A finales de los años 80, los desafíos en la producción de café, como los bajos precios del mercado y las condiciones climáticas adversas, llevaron a la finca familiar a una de las peores crisis de su historia. En medio de este difícil escenario, Óscar, hijo del Sr. Héctor Daza, decidió unirse a su padre para rescatar la finca familiar y poner en práctica todo lo aprendido de su ejemplo familiar. Gracias a los fuertes lazos familiares, se superó la crisis y se dio el salto generacional. Tras completar sus estudios en producción de café en la Fundación Manuel Mejía de CENICAFE (Colombia), Óscar tomó las riendas del negocio familiar y comenzó a implementar las estrategias agronómicas recientemente aprendidas que favorecen la eficiencia y promueven el cuidado del medio ambiente como valor diferenciador de la producción de café. Como resultado de esta visión, en 2006 la finca se incorporó al Programa de la Federación Nacional de Cafeteros para la Sostenibilidad del Café y obtuvo las certificaciones Rainforest Alliance y de Agricultura Orgánica. Con su compromiso con la mejora continua, la Finca La Pradera es un ejemplo fiel de restauración ecológica de paisajes degradados. Apuntando más allá de las prácticas tradicionales de sostenibilidad, la finca ha logrado aumentar la producción y la calidad del café, cuidando el suelo, las fuentes de agua y a todos los involucrados en la cadena productiva. Todos estos esfuerzos constantes han permitido a la empresa familiar no solo administrar sus propios certificados internacionales como café verdaderamente regenerativo, con las certificaciones Orgánica, Rainforest y Bird Friendly, vigentes hasta la fecha; sino también invertir y consolidar la implementación de un sistema integral de control de calidad que permite cumplir con los más estrictos estándares internacionales de cata de café. En 2015, Oscar Daza y su esposa Mildred Muñoz iniciaron su propio proyecto familiar con la Finca Santa María, que forma parte de las operaciones de la Hacienda La Pradera. La Finca Santa María es operada por un grupo de 20 mujeres de la comunidad de Aratoca, quienes han encontrado empoderamiento y sentido de comunidad a través de su trabajo en el café, además de una fuente sostenible de ingresos para sus familias.